Este blog es de catársis... No lo tome personal, lo tome a mal, sino le gusta simplemente no lo tome !

No hay corrección de estilo ni ortografía. Se me olvidan muchos puntos, algunas comas y me como palabras completas y letras. Ya lo verá.

lunes, 14 de abril de 2014

Happines comes in a bunch.

Les voy ser sincera envés de estar escribiendo una entra para el blog debería estar haciendo mi informe. En realidad hoy me siento “terriblemente” (léase enormemente) bendecida.

Desde noviembre me había pasado en un mood de esos en que ni uno se guanta: super triste y dolida. Tenía miedo de cumplir años, llegar a los 37 y darse cuenta, como un baldado de agua fría, que cada vez se están más cerca de los 40 y que hay cosas que quizás no voy hacer y que hay lugares donde no estaré y gente a la que no volveré a ver.

Este mes tuve mi primer gran encuentro con la escalada, claro guiada y aprendiendo, y fue reafirmar que he encontrado otro de los amores de mi vida. Aquí es cuando uno dice porque no lo supe 10 años atrás, pero entonces también me pregunto: Hace 10 años quizás no hubiéramos sido a match. Durante mi salida a Suesca, tuve una epifanía y de manera casi mágica toda esa tristeza y ese miedo de envejecer se fueron al tiesto, espero que por un buen tiempo.

Tenía miedo de tener 37, y eso era muy extraño para mí, nunca he había sentido miedo de envejecer, y de repente me entró la angustia de las cosas que se supone debería haber hecho hasta hoy,  bueno, y no solo las que “debería” sino las que yo hubiera querido hacer hasta hora. Tenía miedo de perderme cosas en la vida, de no ser lo suficientemente capaz de vivir completamente entregada a vivir. De no haber sido mamá, o no ser la mejor de las tías, de haber compartido mi vida en matrimonio o concubinato, de no encontrar un doctorado que quiera hacer, de no ser económicamente estable. También me corroía un poco el miedo a estar sola, vacía. Tenía rabia por lo que, según yo, me habían dejado atrás amigos, amantes, familia. Sentía tristeza por lo que habían partido, por los que no están. Pero son esos hoyos mentales, taras, que uno mismo cava si la menor compasión.

Ese domingo subí al tope del farallón de Suesca y vi a Leo, sentado haciendo de estación, me respiré, sentí hambre y tuve una epifanía: “Uno preocupándose por tanta maricada”, de repente pareció estúpido todos mis insignificantes problemas, que no quiere seguir en mi vida. No fue enteramente honesto conmigo, de que me vale cabrearme, de nada. La vida sigue, yo sigo y más que contar mis pesares debo contar mis bendiciones: son millones.

Soy parte de una familia que ama como soy, mi mamá me ha perdonado más veces de las que podría contar en mis dedos y para mi papá fui la manzanita de sus ojos hasta el día que se fue, seguramente donde este lo seguiré siendo. Tengo dos hermanos maravillosos casados con dos mujeres excelentes, una sobrina divina a la que quisiera comerme a besos. Tengo una familia extendida primos y primas, tíos y tías. Al menos en 5 lugares del mundo tengo alguien que me reciba de paso y con gusto, he encontrado almas gemelas para diferentes cosas, me he enamorado y se han enamorado de mí, he deseado y he sido deseada, nunca he pasado un cumpleaños sola, conozco varios lugares de Colombia y el mundo, estoy sana, tengo trabajo y ganas de hacerlo, trabajo en lo que me gusta aun que haya días que me queje.

Así sigo y sigo contando bendiciones. Doy media vuelta y me veo hace apenas dos semanas, un poco amargada y un poco triste, sintiéndome inferior, fea, incapaz y una idiota (porque uno es así) y parece un sentimiento brumoso, lejos de la realidad. Tengo tantas bendiciones y por cada una de ellas hoy doy gracias y decidí hacerlo público porque las bendiciones y las alegrías se comparten y así se multiplican. Gracias por estar en mi vida y hacer de ella algo maravilloso. 

1 comentario:

Nadia dijo...

Que lindo post! Parece que estar cerca de los 40 es muy bueno.. Así lo siento yo! Besos